¿De qué éxito nos hablan?

Publicado el 18-08-2020

Por Gerardo Bongiovanni*

El Gobierno que encabeza Alberto Fernández, fiel a su estilo kirchnerista, es muy proclive a relatos, épicas y comparaciones, casi siempre mentirosas. Recordemos que durante el último gobierno de Cristina, algunos de sus funcionarios llegaron a afirmar, sin ponerse colorados, que en Argentina había menos pobreza que en Alemania. Esta mala costumbre se repite, ampliada, en estos tiempos.

El Gobierno pretende convencernos, machacando y machacando, que la forma en que enfrenta a la pandemia y sus consecuencias es un gran éxito. Que estamos entre los países que mejor manejamos el COVID y que incluso el mundo nos mira y admira por ello. Pero como se dice también habitualmente, “dato mata relato”. Así que repasemos:

La lucha contra el COVID-19

El Gobierno optó por una cuarentena cerrada y larga, una de las más duras del mundo. Desechando, rechazando y hasta descalificando a todos quienes la objetaban. Subestimo a quienes –algunos prestigiosos expertos incluidos– sugerían “rastrear” más ampliamente, a través de testeos masivos. De hecho, Argentina está entre los países que menos testean en la región, y en el mundo.

El argumento era que había que “achatar” la curva de contagios para fortalecer el sistema de salud. Y tras ese argumento se fue corriendo la raya, y anunciando, semana tras semana (y casi como en el cuento del pastorcito mentiroso) que el pico llegaría en dos semanas o en un mes. Ese mensaje comenzó a fines de marzo…y aún sigue.

Ahora, analicemos los resultados: suponiendo que los datos oficiales sean ciertos (recordemos los antecedentes del kirchnerismo con el INDEC y las contradicciones respecto a las cifras de muchos funcionarios, como el viceministro de Salud de Buenos Aires), Argentina es el país número 15 en contagios, se ubica en el primer tercio de países con más muertos por cada millón de habitantes, en el puesto 50 o 55 entre 160/180 países. Hay, con los datos del viernes 14 agosto, Argentina tiene aproximadamente un muerto por cada 8.200 habitantes, mientras el promedio mundial es de un muerto cada 10.500 habitantes. Estamos, entonces, por encima del promedio mundial. Mucho mejor, claro, que Brasil y Chile. Y bastante peor que Uruguay, Paraguay y muchos otros países del mundo.

Ante esta realidad, la balbuceante respuesta del gobierno es apelar al contrafáctico; “si no hubiéramos hecho esto estaríamos peor”. Falso, hay países que hicieron otras cosas y están mejor. No es verdad que la cuarentena extrema –ahora negada por el Gobierno- sea la única forma de combatir el COVID con éxito. Hay muchos –muchos-caso de países que han tenido mejores resultados sin recurrir a esquemas restrictivos tan cerrados y prolongados.

En su épica “estatista”, el Gobierno no ha tenido la nobleza de reconocer el enorme rol del sector privado de la salud, que aporta dos tercios de las camas y recursos. Ni de reconocer la impresionante ineficacia del modelo estatal, en especial en la Provincia de Buenos Aires y municipios del conurbano. Esos que son el bastión estructural del populismo peronista, y donde sólo hay gobiernos de ese signo político.

Párrafo aparte para el anuncio de la vacuna, proyecto enteramente privado generado en la Universidad de Oxford, desarrollado por un laboratorio anglo-sueco, y que contará ahora con la colaboración de privados de Argentina y cd México. La conclusión es muy contundente respecto al aporte de los privados, en contraposición a la visión estatista de Alberto Fernández.

Los daños a la vida y a la salud “Extra COVID”

Médicos, especialistas y establecimientos sanitarios coinciden en que, presionada por la prédica oficial “metemiedo” del Gobierno, mucha gente dejó de hacerse controles indispensables, con consecuencias imaginables e inimaginables también. Algunos médicos amigos me han referido casos de personas fallecidas por discontinuar controles o tratamientos. Y en estos días entidades prestigiosas hablan del doble de muertos por razones cardíacas.

Para no hablar de otros aspectos, como la salud mental o la física. Varios destacados referentes han mencionado la posibilidad –¿certeza? – de que un porcentaje alto de la población padezca consecuencias psicológicas por la cuarentena.

Ni que decir de las formas despectivas que funcionarios han utilizado hacías los “runners” y deportistas de todo tipo, casi burlándose de esos hábitos que para mucha gente no son hábitos, sino necesidades irremplazables.

La economía

Completamente incapacitado de entender cómo funciona la economía privada, el Gobierno nunca tuvo una estrategia para afrontar las consecuencias de la pandemia y, en especial, de la cuarentena. Sólo desarrolló ayudas muy pequeñas, de alrededor del 2% del PBI.  

Algunos países llevaron estas ayudas al 10, 12 y hasta al 15% del PBI, de modo que lo que se ha hecho aquí es del todo insuficiente para una economía paralizada por decisión privativa del propio Estado.

Obviamente, la economía argentina ya venía en terapia intensiva, y el Gobierno puede aducir que no tiene fondos. Es cierto. Pero aún más cierto es que el Estado argentino gasta y malgasta muchísimo dinero, y el Gobierno ni siquiera analizó la posibilidad de encarar reducciones de esos fondos, muchas veces despilfarrados, como los ya famosos y obscenos gastos de la política.

Solo quedó, entonces, la enorme emisión monetaria, que de seguro pagaremos en el futuro.

Adicionalmente, las pocas medidas que se tomaron, guiadas por el populismo criollo, fueron muy malas y antiempresa. La prohibición de despidos, la ley y de alquileres o la de teletrabajo, agregarán problemas a la maltrecha economía argentina y ninguna solución. Para nadie.

Los derechos y libertades

Esta suerte de “estado de sitio” atenuado que vivimos desde hace 5 meses, impedidos de ejercer derechos elementales, es una afrenta a nuestra Constitución, y a los derechos y garantías que ella consagra. Estas limitaciones, que incluyen la reducida actividad del Congreso y de la Justicia, han sido aprovechadas por sectores radicalizados del kirchnerismo, para avanzar con ideas autoritarias como la reforma de la judicial, o aún más audaces y disparatadas como la liberación masiva de presos de alta peligrosidad, con la excusa del COVID-19.

A propósito de esto, habrá que analizar también el impacto de las políticas gubernamentales sobre el aumento del crimen y de los homicidios, ya en niveles alarmantes. Casi como una broma de mal gusto, el presidente se ha permitido decir que él tiene “el botón rojo”, amenazando con más autoritarismo y restricciones a las libertades.En síntesis, no hay muchos éxitos a mostrar. No de parte del Gobierno, al menos. Sí de parte de la gente, que con bastante estoicismo sobrelleva esas restricciones, la pandemia, y la destrucción de la economía. De los trabajadores de la salud, que sí le ponen el cuerpo a esta crisis. Y de los empresarios, en especial los PyMEs, que duramente sobrellevan este momento.

Ojalá el Gobierno deje los relatos y las épicas y empiece a tratarnos como ciudadanos. Ya nos lo merecemos.

 

*El autor es el presidente Fundación Libertad

Fuente: Infobae