Argentina y Suecia: qué modelo fue mejor

Publicado el 23-10-2020

Por Garret Edwards

Argentina contabilizaba, al 19 de octubre, 989.680 casos oficiales de contagio de COVID-19 desde el 3 de marzo de 2020, cuando se confirmó el primero. A su vez, se han tenido que lamentar 26.267 víctimas fatales por esta pandemia, se encuentran 159.448 casos activos, y 803.965 ya no tendrían el virus detectable en sus sistemas tras haber transitado el período de contagio de la enfermedad. Ahora, Argentina ya pasó el territorio del millón de contagios oficiales, triste récord que por el momento sólo compartirá con Estados Unidos, la India, Brasil y Rusia, todos países con mayor población que el nuestro.

Asimismo, llevamos a esta altura del año más de 200 días de cuarentena y sumando, todo desde aquel 20 de marzo en que el presidente Alberto Fernández se paró delante de las cámaras y anunció una temprana cuarentena de la que luego el Gobierno no querría o no podría salir o, peor aún, no sabría cómo hacerlo. Esa fue una de las primeras declaraciones de Fernández frente a la cámara hablando sobre la pandemia de coronavirus, mas no fue la última. En el mes de mayo no tuvo mejor idea que compararnos con Suecia, y dijo lo siguiente: “Cuando a mí me dicen que siga el ejemplo de Suecia, la verdad, lo que veo es que Suecia, con 10 millones de habitantes, cuenta 3.175 muertos por el virus. Es menos de la cuarta parte de lo que la Argentina tiene. Es decir que lo que me están proponiendo es que, de seguir con el ejemplo de Suecia, tendríamos 13 mil muertos”. El Gobierno sueco no tardó en responder las expresiones de nuestro presidente, y en un breve y lacónico comunicado sentó su postura oficial: “Pasará el tiempo para saber qué modelo funciona mejor”.

Por estas horas, mientras Argentina se acerca irremediablemente al millón de contagios confirmados, ya tiene más muertos por millón que Suecia. Siete meses de cuarentena estricta, al menos en lo formal, para mostrar resultados más pobres que los de Suecia, el país nórdico que no tuvo problemas en ir contra la corriente global y animarse a transitar su propio camino, sin importar lo que los demás miembros del concierto internacional opinaran, siempre abiertos a escuchar sugerencias y consideraciones del resto. Relatan los funcionarios suecos que una de las primeras preguntas que se hicieron en el mes de marzo fue la siguiente: ¿Estamos dispuestos a sostener en el largo plazo las medidas que tomemos ahora? El largo plazo, para los suecos, era a dos años vista. Se preguntaron si podían cerrar la economía e impedir libertades individuales por dos años. Cerrar escuelas, oficinas, negocios, parques, y todo lo demás. Decidieron que eso no era sensato, que no podían poner en pausa la vida de todos por dos años, que el riesgo de que luego no pudiese volver a ponerse todo en movimiento otra vez era muy grande.

En cambio, el oficialismo en Argentina pretendió venderle a su ciudadanía una historia épica, malvinizada, de que se estaba librando una guerra contra un enemigo invisible y que se le ganaría al coronavirus, y que éste se volvería con el rabo entre las patas a China. Nada de eso sucedió. Alberto Fernández presentó un falso dilema entre salud o economía. Nos dijeron que preservarían vidas, y que luego se preocuparían y ocuparían de la economía. Al final del recorrido no hubo ni salud ni economía. ¿Qué podía esperarse de un Gobierno que tiene a un ministro de Salud como Ginés González García, que dijo en reiteradas oportunidades que el coronavirus nunca llegaría a nuestro país?

En términos absolutos de cantidad de muertes la Argentina superó a Suecia el 17 de agosto, cuando Argentina arribaba a la suma de 5.814 víctimas fatales por coronavirus. Quizá haya superado a Suecia antes, como ya ha demostrado el Observatorio de Salud, Economía y Libertad de Fundación Libertad al destacar el importante retraso que hay entre los decesos y su posterior conocimiento por parte del público en los informes diarios del Ministerio de Salud. Retraso tal que llevó al Gobierno de la Provincia de Buenos Aires a declarar más de 3.500 víctimas fatales en una sola jornada, justo al toque de las campanadas de un viernes, como si eso sirviera para que nos olvidáramos de lo que estaban haciendo, de los datos que se estaban ocultando y tergiversando. Desde ese día en que Argentina superó a Suecia en términos absolutos, las víctimas fatales de Suecia aumentaron un 1,6% más, las de Argentina aumentaron en un 350%.

Nuestro país es uno de los que más contagios oficiales tiene en el mundo, no obstante que testea poco y testea mal. ¿Cómo se explica? El Gobierno es rápido para anotar contagios, aunque no se hisope, sólo por la existencia de un nexo epidemiológico -un contacto lo suficientemente estrecho con un caso confirmado-. Sin embargo, no es lo suficientemente rápido como para anotar muertes, las cuales pueden a veces tardarse meses en verse reflejadas en los números oficiales. ¿Por qué? Porque Argentina se ha quedado sin ejemplos peores con los cuales compararse. Ya prácticamente no le quedan países a Alberto Fernández a los cuales pueda señalar con el dedo y decir “Miren, lo están haciendo peor que nosotros”. Argentina ya no es buen ejemplo de nada, lejos están ese marzo y abril en que para cierto sector de la comunidad internacional sí lo era. El único relato que les queda, y se los vamos adelantando, es que intentarán vender el buzón de que se contagió mucha gente y no se murió tanta gente en relación a la cantidad de contagios. No creemos que nadie compre ese buzón.

Suecia fue criticada como la oveja negra de Europa por seguir su propio camino. Pero Suecia no fue la que hizo experimentos, los que hicieron experimentos fueron todos los demás, que pretendieron dejar encerrada a la gente y poner en suspenso sus vidas por un año o más. Suecia apostó a la responsabilidad individual de sus habitantes, y a respetar sus libertades individuales más íntimas. Es difícil saber qué modelo funciona mejor, como dicen los suecos. Lo que sí podemos ver con claridad es qué modelos no funcionan, como el modelo argentino. Argentina es peor que Suecia, al menos en esto. Quizá en otras cosas también.

 

El autor es director de Investigaciones Jurídicas en Fundación Libertad.

Fotografía: Carol Smiljan/NurPhoto via Getty Images

Fuente: Infobae